Usain Bolt

Usain Bolt

martes, 26 de junio de 2012

Historia de las Olimpiadas segunda parte


Las Olimpíadas

Sedes Olimpicas parte II

Helsinki 1952

foto

El 'finlandés volador', protagonista

La guerra soviético-filandesa impidió a Helsinki ser sede olímpica en 1940, por lo que tuvo que esperar hasta 1952 para acoger unos Juegos, decisión tomada por el COI cinco años antes. También se determinó que en el futuro sólo se pudiera presentar una candidatura por país, para evitar así enfrentamientos entre ciudades de una misma nacionalidad.

En esta edición, estuvo muy presente el enfrentamiento político entre las dos superpotencias, Estados Unidos y la Unión Soviética, que volvió a participar tras no aceptar la invitación cursada por Londres en 1948. La guerra de Corea también se dejó notar durante la celebración olímpica.

El estadio levantado para los Juegos de 1940 fue ampliado para acoger a 70,500 espectadores. Cerca de él se construyó una piscina con capacidad para más de once mil aficionados. Helsinki también tuvo su villa olímpica, ubicada en el barrio Käpylä.
Catorce edificios en los que pudieron alojarse hasta seis mil atletas constituyeron una residencia, que concluidos los Juegos serían ocupados por familias modestas, cumpliendo así una función social.
Los únicos deportistas que no estuvieron en la villa olímpica, fueron los soviéticos Se les instaló en un recinto situado a ocho kilómetros en Ontaniemi, ya que el gobierno soviético quería evitar cualquier contacto con el capitalismo.

La ceremonia inaugural se vio empañada por la intensa lluvia, que sin embargo no restó emotividad a la entrada de la antorcha olímpica al estadio. El mejor deportista finlandés de todos los tiempos, Paavo Nurmi (doce medallas olímpicas) fue el elegido y consiguió poner en pie a todos los espectadores. El gesto de los organizadores de otorgarle el último relevo fue un descarado reto al COI, debido a que fue éste quien le descalificó poco antes de los Juegos de 1932. La imagen de el ‘finlandés volador’ fue además la utilizada para ilustrar el cartel anunciador de los Juegos. Sin duda, Finlandia dejó muy claro que no olvidaba a sus héroes.

Melbourne 1956

foto

Dos sedes por primera vez

Tras diez ediciones celebradas en Europa y dos en América, los Juegos viajaron por primera vez a Oceanía. Melbourne ganó por un sólo voto a Buenos Aires en la votación final, aunque los australianos no tenían un excesivo interés por ver los Juegos. La diferencia de fechas del verano en las antípodas motivó que la organización australiana propusiera diciembre como mes de celebración de los Juegos, lo que alteraba los hábitos de los deportistas. Al final, el COI sólo adelantó el acontecimiento a noviembre.

La competición estuvo condicionada por los acontecimientos políticos que marcaron ese año. En verano surgió la crisis del canal de Suez, que provocó la guerra entre Egipto e Israel, y la consiguiente intervención de Gran Bretaña y Francia. Pero fue en octubre con la invasión de Budapest (Hungría) llevada a cabo por los tanques soviéticos cuando se elevó la presión hasta tal punto, que alcanzó al mundo del deporte. Varios países trataron de impedir la presencia de atletas soviéticos en Melbourne, pero el COI decidió no intervenir con el argumento de que “los Juegos son competiciones entre individuos y no entre naciones”.

En la ceremonia inaugural celebrada en el Criket Ground los 115,000 espectadores ovacionaron largamente a la representación húngara, mientras que recibieron en silencio a los deportistas de la URSS.
Estocolmo, sede de las pruebas hípicas
Estos Juegos trajeron como principal novedad el hecho de que fueran dos las ciudades que compartieran sede olímpica: Melbourne y Estocolmo. La normativa vigente en Australia, según la cual los caballos extranjeros debían someterse a un período de cuarentena de cuatro a seis meses antes de entrar en Oceanía, motivó que el COI trasladara las pruebas de hípica a tierras suecas, por lo que los Juegos comenzaron en el mes de junio. Esta división también llevo aparejada la celebración de dos ceremonias de apertura, una en cada ciudad. Por otra parte, en la clausura por primera vez todos los países dieron la vuelta al estadio mezclados, sin emblemas ni banderas.

Roma 1960

foto

Con la bendición de la Iglesia

Tras numerosos intentos por convertirse en sede olímpica, y transcurridos 1.566 años desde la prohibición impuesta por Teodosio el Grande, los Juegos se disputaron en la ciudad que los condenó. Roma no reparó en gastos y presentó unas de las mejores instalaciones de la historia olímpica. Con el dinero del ‘Totocalcio’ (las quinielas futbolísticas del país transalpino) se adecentó el estadio, situado en el Foro Itálico, que acogió el atletismo y la competición de fútbol. Las Termas de Caracalla se convirtieron en la sede de gimnasia y la remozada Basílica de Magencio acogió las pruebas de lucha. El maratón contó con un recorrido de lujo: partió del Capitolio para, tras recorrer las principales calles de Roma, llegar a la meta ubicada en el Arco de Constantino, junto al Coliseo.

En la inauguración, el momento más emotivo se produjo con la entrada al estadio de la antorcha olímpica en manos de Giancarlo Peris. Fue entonces cuando todas las campanas de las iglesias de Roma empezaron a repicar dando lugar a un sonido, que inundó la ciudad eterna. El juramento corrió a cargo del discóbolo Consolini, para el cual éstos eran sus quintos y últimos Juegos. En el desfile, la comitiva griega tuvo como abanderado al príncipe heredero Constantino, vencedor en la clase Dragón de vela. Entre los dirigentes que encabezaron el grupo estuvo su hermana, S.M. Doña Sofía.

En Amberes, se despertaron serias dudas sobre la moralidad y religiosidad de los Juegos Olímpicos. Fueron muchos los que renegaron y se pusieron en pie de guerra contra la cita olímpica por considerarla una manifestación del paganismo. A partir de Roma, desapareció cualquier tipo de duda. Un día antes de la apertura de los Juegos, todos las delegaciones olímpicas se dieron cita en la Plaza de San Pedro del Vaticano, donde fueron recibidos por el Papa Juan XXIII. El Santo Padre bendijó la celebración olímpica e incluso fue uno de sus más fieles seguidores, sobre todo de las pruebas de remo, que podía contemplar desde su residencia veraniega de Castelgandolfo.

Tokio 1964

foto

Los Juegos de la electrónica

El continente asiático no había tenido todavía la ocasión de acoger unos Juegos Olímpicos, aunque Tokio estuvo a punto de hacerlo en 1940. El estallido de la II Guerra Mundial se lo impidió. Veinticuatro años más tarde, le llegó su oportunidad a la ciudad japonesa, y no quiso dejarla pasar sin conseguir albergar una de las mejores reuniones olímpicas de toda la historia. Fue la más costosa de todos los tiempos, con una inversión cercana a los 1,800 millones de dólares. Tokio se preocupó sobre todo por crear toda una infraestructura al servicio de los Juegos. Construyó una nueva red de autopistas, así como un monorraíl aéreo, que conectó el aeropuerto con el centro de la ciudad. En cuanto a las instalaciones deportivas, se amplió el estadio que existía en el parque de Meiji hasta completar un aforo de 85,000 localidades, además de la construcción del Gimnasio Nacional y la piscina Yoyogui. La Villa Olímpica quedó ubicada a tan sólo dos kilómetros del recinto deportivo.

Tokio quería asombrar al mundo y no escatimó ni un sólo esfuerzo para conseguirlo. En su intento por no dejar un cabo suelto, durante todo un año los organizadores nipones estuvieron ensayando las ceremonias inaugurales y de clausura, así como las entregas de medallas. Llegaron incluso a convocar una semana preolímpica, a la que concurrieron 400 atletas con el único cometido de llevar a cabo los últimos ensayos.

En la ceremonia inaugural cinco aviones sobrevolaron el nuevo estadio para dibujar en colores los aros olímpicos mientras las delegaciones participantes desfilaban. Pero un hecho destacó por encima de todos cuando la antorcha olímpica hizo su entrada en el estadio, tras realizar el recorrido más extenso de su historia, nada menos que 23,000 kilómetros. El portador de este último relevo fue un joven nacido en Hiroshima, el mismo día en que la bomba atómica asoló la ciudad. De este modo, quedaron inaugurados unos Juegos que, debido a sus avances tecnológicos y a la televisión en directo, han pasado a la historia como los Juegos de la electrónica.

México 1968

foto


El 'poder negro' marcó los Juegos

Los Juegos Olímpicos celebrados en México han pasado a la historia principalmente por dos motivos. Por un lado, los extraordinarios registros conseguidos en atletismo, favorecidos por la altitud a la que se encuentra la capital azteca. Y por otro, la polémica suscitada por la campaña que los atletas estadounidenses de raza negra protagonizaron reclamando la igualdad en su país. La celebración de los Juegos llegó a correr peligro debido al reflejo que tuvo en México el mayo del 68 francés.

Diez días antes de la ceremonia de apertura, una concentración estudiantil contra el régimen dictatorial en la plaza de las Tres Culturas acabó con más de 300 muertos, tras la intervención del Ejército. El COI prefirió mirar hacia otro lado y el 12 de octubre dieron comienzo los Juegos, con el encendido del pebetero, que por primera vez llevó a cabo una mujer (Enriqueta Basilio).

El Estadio Olímpico contó con un aforo de 80.000 espectadores, y acogió las pruebas de atletismo y las ceremonias de inauguración y clausura, tras sufrir una remodelación que le dotó de iluminación nocturna. El Palacio de los Deportes con capacidad para 22.000 personas, fue sede del baloncesto, mientras que el Estadio Azteca acogió el fútbol, como anticipo de lo que le esperaba dos años más tarde con el Mundial. La paradisíaca bahía de Acapulco, a 400 km de la capital mexicana, fue el escenario elegido para las pruebas de vela.

El asesinato de Luther King estuvo presente
El asesinato de Martin Luther King impresionó del tal forma a los deportistas de raza negra, integrantes del equipo norteamericano, que se negaron a mirar la bandera de su país cada vez que subían a recoger una medalla. La imagen del ‘Poder Negro’, reflejada en los atletas que sobre el podio elevaron su puño cubierto por un guante de color negro ha pasado a formar parte de la historia olímpica.

Los velocistas Tommie Smith y John Carlos fueron los primeros en realizar este gesto, por lo que fueron expulsados del equipo norteamericano. A pesar de ello, el resto de los deportistas negros de EE.UU. no se dejó amedrentar y buena parte de ellos repitieron esta actuación.

Múnich 1972

foto

Los Juegos se visten de luto

Más de tres décadas después de la cita olímpica de Berlín, Alemania volvió a acoger unos JJ.OO. Múnich fue la ciudad elegida y pasó a la historia olímpica, no por méritos deportivos, sino por un hecho que conmocionó al mundo: el secuestro y posterior asesinato de nueve deportistas israelíes a manos de un comando terrorista palestino.

A pesar de todo, los Juegos continutaron con la bandera olímpica ondeando a media asta. El COI dejó a sus miembros la libertad de continuar compitiendo o retirarse. Los supervivientes del equipo israelí decidieron marcharse, no sin antes asistir a los funerales de sus compañeros en el estadio olímpico.

En el plano organizativo, la intención del Comité alemán fue la de congregar el mayor número de deportes en el menor espacio posible, y evitar de este modo los largos desplazamientos para presenciar las pruebas. Con esta idea se construyó el complejo deportivo de Oberwiesenfeld, que reunió un estadio con capacidad para 80,000 espectadores, el palacio de deportes con un aforo de 12,000 y la piscina olímpica para 8,000. Las tres instalaciones estuvieran cubiertas con la llamada ‘gran carpa de circo’, una red metálica de vidrio acrílico transparente para dejar pasar la luz, que fue la auténtica sensación de los Juegos. Este complejo se situó a escasos metros de la villa olímpica, cuyas calles llevaron nombres de antiguos campeones.

Atentado terrorista
A cinco días para la clausura un comando terrorista palestino, perteneciente a la Organización ‘Septiembre Negro’, logró introducirse en la zona de la villa olímpica donde se alojaba la delegación israelí. Dos deportistas murieron, mientras que otros nueve fueron secuestrados. A cambio de su liberación, los terroristas pedían la excarcelación de 200 guerrilleros palestinos, presos en Israel. El COI suspendió 24 horas los Juegos. Finalmente se les permitió trasladarse en helicóptero hasta el aeropuerto. Allí, la policía alemana abrió fuego contra los terroristas, que hicieron estallar varias granadas, provocando la muerte de los deportistas israelíes.

Montreal 1976

foto

Unos juegos bilingües

Tres ciudades presentaron su candidatura para acoger los Juegos de 1976: Montreal, Moscú y Los Ángeles, que curiosamente y por este orden acabarían organizando las tres ediciones posteriores a la de Munich. Finalmente, Montreal fue elegida para ser sede de los XXI Juegos de la era moderna, no sin antes tener que hacer frente a opiniones en contra.
Montreal, en la provincia de Quebec, era la ciudad más representativa de la facción francófona canadiense, algo que puso en duda la capacidad de hacer frente a los costes de organización. El Gobierno de Canadá se desentendió en todo lo referente al apoyo financiero, por lo que la localidad canadiense tuvo que cargar con el peso económico de los Juegos. Esta circunstancia dio lugar que a la finalización de los mismos, Montreal tuviera un déficit de cerca de 1,000 millones de dólares.

La elevada inversión (22,000 millones de presupuesto) por lo menos se plasmó en instalaciones y recintos de deportivos de un altísimo nivel. El estadio olímpico fue construido con la forma de una tortuga bajo la que se encontraba la piscina y se extendía un moderno velódromo. También se construyeron el pabellón olímpico Maurice-Richard para las pruebas de boxeo, el Centro Deportivo Maiosnneuve y un aparcamiento subterráneo. La Villa Olímpica estuvo compuesto por cuatro edificios que se asemejaban a dos pirámides que subían hasta 19 pisos.

Uno de los aspectos que más preocupó al elegir Montreal como sede de los Juegos fue el posible conflicto que se podía generar al ser Canadá un país dividido entre anglófonos y francófonos. Para que nadie pudiera sentirse ajeno o desplazado de la cita olímpica, se acordó que el último relevo de la antorcha y el encendido del pebetero fuera llevado a cabo por una pareja canadiense, integrada por un atleta de habla inglesa y otra francófona. La Reina Isabel II de Inglaterra pronunció su discurso en los idiomas que cohabitan en Canadá. Por otra parte, este edición contó con un amplio despliegue de seguridad para evitar que se repitieran sucesos tan luctuosos como los de Munich.

Moscú 1980

foto

‘Misha’, la primera mascota mediática

La elección de la sede para los XXII Juegos Olímpicos acabó siendo el fiel reflejo de la división política existente en el mundo. Dos bandos, uno liderado por Estados Unidos y otro por la Unión Soviética medían sus diferencias en un período histórico, que se conoció con el nombre de Guerra Fría.

Este enfrentamiento se hizo patente en el ámbito deportivo. Los Ángeles y Moscú presentaron su candidatura para organizar los Juegos de 1980, siendo finalmente la ciudad soviética quien se llevó el gato al agua. Como compensación, los norteamericanos recibían la confirmación de que la siguiente cita olímpica sería en su territorio.

Estados Unidos tuvo muy clara su intención de no acudir a estos Juegos. La invasión soviética de Afganistán, fue la excusa perfecta aducida por el presidente norteamericano Jimmy Carter, para anunciar el boicot a Moscú, que fue secundado por 58 países, entre los que se encontraban además de Estados Unidos, Alemania Federal, Japón y Canadá. A pesar de la recomendación gubernativa, España participó en los Juegos, aunque desfilando bajo la bandera del Comité Olímpico Nacional y con la decisión de que fuera el himno olímpico el que sonara en caso de que uno de los españoles subiera a los más alto del podio. El Estadio Olímpico de Lenin fue el escenario de la ceremonia inaugural, que congregó a más de cien mil espectadores.

Aunque la primera mascota olímpica oficial había hecho su aparición en Munich 72, no fue hasta Moscú cuando ésta cobró la relevancia y sobre todo la fama que tiene hoy en día. El culpable no fue otro que un pequeño osito, de nombre ‘Misha’, que brilló casi más que los atletas. Tres mil quinientas personas, en la ceremonia de apertura, formaron la figura de tan simpático animal en la gradas del estadio olímpico.La campaña de difusión de dicho personaje, en formas tan variadas como series de dibujos animados, pegatinas y demás, parecía mucho más propia de los países capitalistas, que de un nación como la Unión Soviética, tan alejada de este tipo de negocios.

Los Ángeles 1984


Los JJ.OO. se convierten en negocio

Tuvieron que pasar más de cincuenta años para que los Juegos volvieran a los Estados Unidos. Como ocurrió en 1932, la ciudad elegida para albergarlos volvió a ser Los Ángeles. Desde el punto de vista organizativo, la principal novedad de esta edición pasó por el hecho de contar con financiación privada. Tras el antecedente de Montreal, donde las pérdidas económicas habían recaído directamente sobre el estado canadiense, ninguna institución pública quería arriesgar su dinero. La movilización de los 500 millones para poner en marcha los Juegos fue obra de un experto hombre de negocios y amante del deporte, Peter Ueberroth. Consiguió que importantes multinacionales de la talla de Coca-Cola, Fuji o General Motors decidieran involucrarse en la fiesta olímpica.
Los Ángeles fueron el punto de partida para la conversión de los Juegos en algo más que deporte, pasando a ser un negocio y foco de atención de todo el mundo publicitario. Como ocurrió en 1932, la proximidad con la meca del cine (Hollywood) se dejó sentir antes y durante los Juegos. Si en aquella ocasión la ceremonia inaugural fue diseñada por Cecil B. Mille, en esta el himno oficial fue compuesto por John Williams, autor de bandas sonoras tan famosas como ‘La Guerra de las Galaxias’, o ‘En busca del arca perdida’. además, esta edición contó con unas espectaculares medidas de seguridad para prevenir posibles acciones terroristas.
El marco principal de estos Juegos volvió a ser, después de 52 años, el Memorial Coliseum, escenario de una ceremonia de inauguración al más puro estilo de Hollywood. En ella se fundieron recuerdos de la cultura e historia estadounidense, y fue presenciada, gracias a la televisión, por 2,500 millones de personas. Todo un espectáculo que pretendió otorgar tanta importancia al aspecto visual como al sonoro. Los acordes de más de ochenta pianos repasaron melodías norteamericanas que iban desde tradicionales composiciones del siglo XIX hasta el por aquel entonces actual ‘breakdance’.

De repente, todas las miradas se posaron en un objeto que sobrevoló el cielo y que poco a poco se acercó al estadio olímpico. Los asistentes no pudieron salir de su asombro al comprobar que se trataba de un hombre con un motor de propulsión adosado a su espalda, que finalmente aterrizó sobre el césped del estadio. Las gradas del recinto adquirieron un colorido especial, al formar todos los asistentes un mosaico con las banderas de los países participantes, mientras se producía el desfile de los deportistas.

Seúl 1988


Ben Johnson, de héroe a villano tras dar positivo

Por segunda vez, el continente asiático era el elegido para acoger unos Juegos Olímpicos. En esta ocasión la ciudad seleccionada fue Seúl. Fueron muchos los problemas surgidos a raíz de conocerse su elección, sobre todo por las diferencias políticas existentes entre Corea del Norte y del Sur. La propia situación interna de Corea del Sur tampoco era la más propicia, sobre todo tras el asesinato de su máximo dirigente Park Chong Hee. Finalmente, el alcalde de la ciudad logró convencer al nuevo presidente, Roh Tae Woo de que unos Juegos podían promover la paz dentro de la península coreana. El ejemplo de concordia quedó perfectamente reflejado con la presencia de Estados Unidos y el bloque soviético en los recintos deportivos. Tras doce años, se volvían a medir en unos Juegos, dejando atrás la diferencias ideológicas y políticas.
El avance más relevante que emprendió el Olimpismo en esta edición lo constituyó su apertura al profesionalismo. Los primeros deportistas que se vieron beneficiados con esta medida fueron los tenistas. Entre las instalaciones, dos recintos brillaron por encima del resto. Por un lado el Seúl Sports Complex con una extensión cercana al millón de metros cuadrados, integrando el estadio olímpico, los palacios de baloncesto y boxeo, y las instalaciones para la hípica y el béisbol. Por otro, el Olympic Park, con la piscina olímpica, un gimnasio, el velódromo y los pabellones para la esgrima y la halterofilia.

El atleta canadiense Ben Johnson fue la sensación de los Juegos. Primero por su excepcional actuación en la final de los 100 m. lisos, donde logró el triunfo con un tiempo de 9,79 segundos. Más tarde, por su positivo en el control antidoping por una sustancia anabolizante (estanozolol) dirigida a aumentar la masa muscular. El escándalo estalló, se habló de un posible sabotaje en las pruebas, pero al final el propio Johnson reconoció haber consumido sustancias prohibidas. Perdió el oro, el récord, y fue suspendido por dos años. Johnson prometió volver, pero nunca llegó a parecerse al atleta que en Seúl, por unos días, recibió el sobrenombre de ‘Big’ Ben.

Barcelona 1992

foto

A la tercera fue la vencida y en 1992, Barcelona tuvo la oportunidad de acoger una cita olímpica. El 17 de octubre de 1986, tras la 91ª sesión del Comité Olímpico Internacional, el presidente del COI Juan Antonio Samaranch proclamó a Barcelona, su ciudad natal, como sede de los Juegos. A partir de ahí comenzó un periodo de trabajo destinado a preparar a la Ciudad Condal para tan magno acontecimiento deportivo, renovando su aspecto y creando una de las mejores infraestructuras deportivas que se recuerdan.

El recinto deportivo ubicado en la montaña de Montjuïc, conocido como el gran Anillo Olímpico de los Juegos, se convirtió en el gran exponente de la remodelación sufrida por Barcelona. El Estadio, con capacidad para 65,000 espectadores, y el Palau Sant Jordi, obra del arquitecto japonés Arata Isozaki y con un aforo para 15.000 espectadores, fueron las dos instalaciones estrella. Este complejo quedó completado por las Piscinas Picornell, el Instituto Nacional de Educación Física de Cataluña, el Centro Internacional de Radio y Televisión, el Palacio de la Metalúrgica (sede de las pruebas de esgrima), el nuevo Pabellón de la España Industrial (halterofilia), el Frontón Colón. Todo este despliegue se completó en otras localidades como Reux, Mollet o Terrassa. El espíritu olímpico salió del territorio catalán para llegar a Zaragoza o Valencia, sedes de la fase previa en fútbol.

El nombre de España ya había sonado con anterioridad para ser sede olímpica. En 1924, Barcelona presentó su candidatura para la organización de los VIII Juegos. La presión llevada a cabo por Coubertain, hizo que París contará con su segunda oportunidad. Doce años más tarde, el inminente estallido de la Guerra Civil privó a la ciudad catalana, por segunda vez, de organizar unos Juegos. En 1972, Madrid presentó su candidatura, dejando los deportes acuáticos para Barcelona. Munich fue finalmente la elegida. Veinte años más tarde, un 25 de julio de 1992, el sueño olímpico se hizo realidad cuando Antonio Rebollo, arco en mano, encendió el pebetero olímpico.

Atlanta 1996

Una bomba tiñe de sangre los Juegos
La elección de Atlanta como sede de los Juegos Olímpicos vino marcada por la polémica, ya que entre las otras ciudades candidatas se encontraba Atenas. Todos los indicios apuntaban hacia la capital griega, debido al centenario que se cumplía ese año de la restauración de la cita olímpica. El poderío económico y el negocio publicitario, pesaron mucho más que la historia en los miembros del COI, que finalmente se decantaron por la sede norteamericana. Tras las dos ediciones en Los Ángeles, la sede del emporio Coca-Cola, Atlanta, se convirtió en la segunda ciudad estadounidense en vivir la mayor fiesta del deporte.

La organización se volcó en crear las mejores instalaciones posibles. La condición de ser el lugar por excelencia para la celebración de convenciones en Estados Unidos, hizo que Atlanta contara ya con mucho camino recorrido. Entre todos los recintos, destacó el estadio Olímpico con capacidad para 83,000 espectadores y escenario de una de las mejores competiciones de atletismo que se recuerdan. El Georgia Congress Center, segundo centro más grande del país, se acondicionó para acoger la esgrima, judo, balonmano y halterofilia. El Acuatic Center, con un aforo para 14,600 aficionados, fue construido expresamente para albergar la natación y el waterpolo. Por contra, el transporte, el sistema informático de resultados y la seguridad no estuvieron a la altura.

Desde Múnich, unos Juegos no se habían teñido de sangre hasta la madrugada del sábado 27 de julio de 1996. A la 1:20 de la madrugada (seis horas más en España), un artefacto estalló en el Parque Olímpico del Centenario. Dos muertos y 110 heridos fueron el balance de la explosión. Un aviso anónimo veinte minutos antes de la explosión, unido a la celeridad de la policía y los equipos de socorro, evitó que se produjera una auténtica masacre, ya que cincuenta mil personas se encontraban en ese momento en el interior del recinto.

La competición no se detuvo y siguió por decisión del Comité Olímpico Internacional, que sólo acordó que la bandera olímpica ondeara a media asta en las instalaciones deportivas.

Sidney 2000

foto

Entre los mejores de la historia

Fue grande la sorpresa cuando en 1993 se anunció que Sidney sería la sede de los Juegos Olímpicos del milenio. La gran favorita era precisamente Pekín, que había sido votada en primera instancia por más de la mitad de los miembros del C.O.I.. Pero en la definición, la ciudad australiana se impuso por solamente dos votos, dejando relegada a la capital de China, que posteriormente fue elegida para albergar los Juegos de 2008.

Sobra decir que la antorcha tuvo que hacer un recorrido récord. 27.000 kilómetros portada por 13,300 relevistas. A la espectacular ceremonia de inauguración se sumó el éxito de asistencia, pues se vendió el 87 por ciento de las localidades, mientras que 50,000 voluntarios se encargaban de atender a los millones de visitantes que 'invadieron' la sede olímpica. Además, no se produjeron incidentes reseñables que enturbiaran el desarrollo de la competición, con el recuerdo reciente del atentado de Atlanta.

La presencia de mitos de la cultura y el deporte australiano como Greg Norman, Kylie Minogue, Elle MacPherson, INXS o Men at Work marcó la ceremonia de clausura de unos Juegos calificados por Juan Antonio Samaranch, presidente del COI por entonces, como "los mejores hasta ahora". Para regocijo del COI, los inevitables casos de dopaje no salpicaron a ningún atleta de relieve .

Atenas 2004

foto

Los Juegos regresan a casa

Los Juegos Olímpicos modernos habían nacido en Atenas en 1896 y allí regresaron más de un siglo después. Durante 17 días la capital helena acogió los eventos deportivos más costosos de la historia, reuniendo a delegados de 202 países y a más de once mil atletas. Sus mascotas oficiales fueron Atenea y Febo, llamados así en honor de los dioses protectores de la ciudad.
En septiembre de 1997, en Lausana (Suiza), Atenas superó a la ciudad de Roma por 66 votos contra 41, siendo elegida para celebrar los XXVIII Juegos Olímpicos. Ciudad del Cabo en Sudáfrica, Estocolmo en Suecia y Buenos Aires en la Argentina, habían sido eliminadas en las rondas previas.
El símbolo del evento fue la corona de laurel, dado su significado en la antigua Grecia y en sus primeros Juegos Olímpicos; por ello se impuso una corona semejante a los tres medallistas de cada prueba.
Dioses en el Olimpo
Pero los Juegos de Atenas pasarán a la historia como los de la consagración en el Olimpo de Michael Phelps y El Guerrouj. El primero logró ocho medallas, igualando así el récord hasta entonces en una misma cita olímpica. Sin embargo, no pudo batir el de su compatriota Mark Spitz y superar las siete medallas de oro logradas por éste en Munich'72.
Por su parte, El Guerrouj hizo doblete en 1,500 y 5,000, algo que no pasaba desde hacía 80 años. El último en lograrlo había sido el legendario finlandés Paavo Nurmi, en 1924.
Por ultimo, la gran decepción en Atenas fue la selección estadounidense de baloncesto, que sólo pudo hacerse con el bronce. Argentina acabó con el mito al derrotarle en las semifinales.

No hay comentarios:

Publicar un comentario